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Es conocida la preferencia de Juan Martín del Potro por las superficies rápidas, especialmente por las canchas de cemento, y si son cubiertas mejor. En ese sentido el argentino mejor ubicado en el ranking de la Asociación de Tenistas Profesionales -donde ocupa la décima posición- ha expresado en más de una ocasión que su torneo favorito es el Abierto de los EE.UU, aquel que lo catapultara a la fama y reconocimiento mundial al ganarlo
en forma brillante en Septiembre del 2009.
Su vencido de por entonces, el suizo Roger Federer -reconocido por muchos como el mejor jugador de todos los tiempos- fue justamente su verdugo el pasado Domingo 19 al derrotarlo en sets corridos en la final del Abierto de Rotterdam por un categórico 6/1 y 6/4, y justamente lo hizo sobre la superficie preferida de la “Torre de Tandil” como se lo conoce al espigado tenista argentino en el circuito de la ATP, sobre canchas duras cubiertas. Si bien su saque funcionó muy bien conectando un 59% de sus primeros servicios, nada pudo hacer Del Potro ante la variada artillería del suizo que con toques cortos, voleas y una gran precisión fueron demasiado para las esperanzas del argentino que vio frustrados sus deseos de levantar su primera copa en lo que va del 2012.
Si tomáramos el resultado final e hiciéramos alarde de nuestro famoso histrionismo triunfalista y resultadista sin tener en cuenta los resultados previos y/o la evolución de su juego desde su regreso posterior a la fatídica lesión en su muñeca derecha, aquella que lo mantuviera alejado de las canchas por más de diez meses, diríamos que el “suizo lo mató y que a Delpo -como lo llaman los argentinos- le falta mucho para ser el que fue”. Pero la verdad tenísticamente hablando es otra.
Desde su retorno a las competencias oficiales tanto su preparación como su evolución y posterior recuperación en el ranking de la ATP -llegó a ocupar el puesto 424- han sido perfectamente planeadas por su equipo técnico liderado por un muy buen coach y mejor persona como lo es Franco Davín, aquel exquisito zurdo tenista oriundo de la ciudad de Pehuajó, Provincia de Buenos Aires. Se intensificó su preparación física -a su regreso se lo vio lento y sin mayor resto- se eligieron los torneos ya sean en su importancia como en su cantidad- y se fueron puliendo y ajustando aspectos de su juego como el saque, la movilidad y su mortífera derecha que lucía un tanto errática, para que Juan Martín volviera hacer el que fuera, aquel jugador que no solo ganó el US Open sino que desde el puesto número cuarto del ranking y con victorias sobre Federer y Nadal amanezaba con acercarse aún más a la cima del tenis mundial.
En todo ello la planificación del calendario, es decir la selección de los torneos y sus superficies resulta vital para ir logrando no solo los resultados deseados sino también para ir ganando la confianza necesaria, aquella que a la hora de ganar torneos es tan o más importante que la preparación física o el ajuste de los diferentes aspectos
técnicos del juego. Y por ello es que Delpo no fue a Alemania y muy a su pesar decidió no representar a Argentina en la primera rueda de la Copa Davis disputada en Alemania. Allí se jugaría sobre polvo de ladrillo, y el calendario y la búsqueda de los resultados que brindaran esa confianza de la que hablamos, se había planificado con la determinación de que Juan Martín diputara la mayor cantidad de torneos posibles sobre cemento, la superficie de sus amores y la que le permite desarrollar su mayor potencial de juego.
Con ese plan y rigurosos entrenamientos es que Del Potro comenzó el 2012 con un gran Abierto de Australia disputado en la bella ciudad de Melbourne -el primer Grand Slam del año que se juega sobre cemento- llegando hasta los cuartos de final y donde justamente perdiera con Roger Federer por 6/4 6/3 y 6/2. Allí comenzó a marcarse el camino que seguramente lo llevará a los primeros planos, con lógica pura y teniendo en cuenta la intrincada forma de clasificación de la ATP, a un muy posible número cinco del ranking, muy cercano a su otrora mejor ubicación.
De haber ganado en Rotterdam hubiera logrado ubicarse octavo desbancando al norteamericano Mardy Fish de esa posición que lo llevaría nuevamente a disputar el Torneo de Maestros reservado para los ocho mejores jugadores como cierre del año calendario. Durante la disputa del ABN AMRO Open en Rotterdam con muy buen
tenis Delpo siguió mostrando que no solo está por el buen camino sino que los plazos que se ha trazado junto a su equipo, el de volver a ganar un Grand Slam y seguir progresando en el ranking, quizás se aceleren. Luego de dos durísimas primeras rondas con triunfos sobre Michael Lodra por 6/4 6/7(3) y 6/4 y ante Karol Beck por 6/4 y 7/5 le ganó con absoluta comodidad en cuartos de final al ruso Viktor Troicki -preclasificado número 17- con un contundente 6/0 y 6/1 para luego batir en semifinales al checo Tomas Berdych -actual número 7 del escalafón mundial- por 6/3 y 6/1 con otra clara demostración de poderío y contundencia.
La comentada final es otra historia porque de haberle quebrado a Federer su saque en el primer juego del partido -tuvo dos oportunidades y un total de siete no concretadas durante el mismo- sin duda que el resultado hubiera sido otro. Ahora siguen los torneos del Abierto de Marsella, Francia (Febrero 20 al 26) y de Dubai, Emiratos Arabes (Febrero 27 a Marzo 4), ambos sobre cemento para luego viajar a los EE.UU y asistir a los dos primeros Master Series del año, el Abierto BNP Paribas de Indian Wells, California (Marzo 8 a Marzo 18) y el Sony
Ericsson Open de Key Biscayne, Florida (Marzo 21 a Abril 1) también sobre superficies duras. En estos dos últimos Delpo deberá no solo jugar todos los partidos al mejor de 5 sets sino que lo hará con altas temperaturas y ante los mejores jugadores del mundo.
Se espera que siga evolucionando su juego, ganar uno de esos torneos sería fantástico y lo acercaría mucho a su objetivo. La legión argentina como es habitual disputa sobre polvo de ladrillo el Abierto de Buenos Aires, allí se dan cita el resto de nuestras mejores raquetas—Juan “pico” Mónaco (número 20 mundial), Juan Ignacio “el flaco” Chela (número 31), Carlos Berlocq (número 43), Leonardo Mayer (número 76) y David Nalbandian (número 85).
Mientras tanto y en cemento, fiel a su consigna, Delpo calienta motores. © Copyright Semanario Argentino, Miami, USA
Por Nelson A. Da Silva
por Nelson Da Silva