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Del dicho al hecho: las historia detras de los refranes

07.02.2011 | Seguramente uno de los mayores recuerdos y legados que dejan en su mayoría los abuelos son los refranes. Quién no recuerda a la abuela española o a la nonna decir aquellas frases tan acertadas, que sirven para ilustrar un momento, definir a una persona o advertir o predecir algo. Aquí te contamos la historia de algunos de los dichos más populares:

Aunque algunos los repetimos a diario y hasta los incluímos en nuestras charlas muchas veces desconocemos el orígen o el significado de los refranes.

El famoso escritor Miguel de Cervantes en su célebre obra Don Quijote de la Mancha define al refrán como “sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios" y afirma que “no hay refrán que no sea verdadero”.

Por suerte, hoy en día hay expertos que estudian la ciencia de la paremiología, es decir, que estudian los refranes populares. Gracias a ellos, hoy podremos develar el misterio que sembraron nuestras abuelas. Aquí te contamos la historia de algunos de los dichos más populares:

Comerse un garrón: Solemos utilizar esta frase de origen rural cuando atravesamos una situación inesperada y desagradable. El garrón es la parte de la pata de la vaca cercana a la pezuña. Al no tener casi carne, se lo usaba para hacer caldo. Como alimento es, pues, despreciable. De allí la expresión: quedarle a uno lo peor para comer.
Ni se mosqueó: Cuando un caballo se “mosquea”, nervioso, mueve continuamente la cola apartándose las moscas, alza las orejas, y levanta y baja la cabeza. Se usa esta expresión para

Hablar por boca de ganso: A pesar de que la mayoría supone que en este refrán intercede un animal,pero en la antigüedad se llamaba ganso a los maestros de los hijos de los nobles y ricos. Recibían el nombre del animal porque caminaban por los pasillos de los palacios seguidos por una fila de niños tal como marchan los gansos con sus crías. Estos educadores tenían una función educativa y pedagógica bastante rígida, por lo que los niños repetían literalmente y de memoria lo que habían oído de boca del ganso. De allí este refrán que se usa cuando alguien repite lo que otro ha dicho como si fuera propio sin el correspondiente discernimiento.

“El que se fue a Sevilla perdió su silla”: Durante el reinado en Castilla de Enrique IV, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a designado arzobispo de Compostela. Don Alonso, supuso que debido a las revueltas en Galicia su sobrino tendría problemas para tomar posesión de su cargo, por lo que se ofreció a adelantarse a Santiago de Compostela para allanarle el camino. A cambio, le pidió que lo reemplace en su cargo en Sevilla. Cuando Don Alonso regresó, su sobrino se resistió a abandonar la sede alegando que el arreglo era permanente.
Este conflicto fue resuelto tras la intervención del Papa y del Rey Enrique IV y culminó con el jóven sentenciado a cinco años de prisión. Con el correr del tiempo el refrán fue modificado,como lo conocemos actualmente es incorrecto, ya que sería “El que se fue de Sevilla perdió su silla”.

“Cargar con el muerto”: En la época medieval, existía una ley que determinaba que si en una localidad era hallado un cuerpo sin vida en circunstancias extrañas donde no era posible determinar la identidad del homicida o el fallecido no tenía familia que se hiciera cargo de los gastos funerarios, el pueblo donde había sido encontrado era obligado a pagar una multa llamada homicidium. Con el fin de eludir el pago de la multa, cuando encontraban una persona sin vida en la calle, los habitantes del pueblo, de común acuerdo, levantaban al fallecido y lo trasladaban a una localidad vecina para que la responsabilidad de pagar la multa recayera sobre sus vecinos. En la actualidad, la expresión se utiliza cuando alguien debe pagar alguna cuenta, en general dificil de saldar o generada por un tercero.

“A Seguro se lo llevaron preso”: Es refrán español que originariamente fue: “A Segura se lo llevaron preso”. Se refería no a una persona sino al castillo de Jaén de Segura de la Sierra, que servía como cárcel. En esta prisión se mezclaban delincuentes comunes que pasaban momentos muy duros y para los que la supervivencia era casi inalcanzable, con personajes de linaje que la pasaban un poco mejor y tenían una estadía más corta. La expresión se refiere a que, sin importar la condición social, cualquiera tiene la posiblidad de ser encarcelado. En Argentina, se utliliza el dicho para dar a entender que no hay que dar por sentado nada y que nadie esta exento de que le pase algo.

“No hay tu tía”: Suele usarse cuando se quiere expresar que no hay esperanza de un cambio, que no hay solución. “Tu tía” deriva de la mala interpretación de atutía o tutía, término que significa “la costra que queda en la chimenea del horno después de procesar ciertos minerales”.Con la mezcla, se preparaba un ungüento que contenía óxido de zinc y favorecía la cicatrización. Cuando una enfermedad no podía ser tratada con esta mezcla, entonces, no tenía remedio. Se comenzó a utilizar entonces esta frase para decir que algo no tiene remedio.
“Poner los puntos sobre la ies“
Al adoptar los caracteres góticos en el siglo XVI, era usual confundir dos “íes” con una “u”. Para evitarlo se colocaban puntos sobre ellas.

“Se armó el Tole Tole”. Esta expresión se habría originado por el desorden provocado por los judíos ante Poncio Pilatos, pidiéndole que crucificara a Jesús, gritando "¡Tolle, tolle, crucifige eum!"("¡Quítalo, quítalo, crucifícalo"!).

“A caballo regalado no se le miran los dientes”: es uno de los dichos populares más usados. La parte final de la frase proviene de una antigua costumbre de revisar la dentadura de los caballos para comprobar el estado de salud del animal.

“El oro y el Moro”: Es una expresión que se usa para hablar de un precio o el aprecio exagerado de una cosa o persona o para definir a una persona que pretende tener más de lo que le corresponde. Nace tras un hecho de armas durante las guerras de la Reconquista. Durante un ataque afortunado los caballeros jerezanos capturaron cincuenta moros notables, entre ellos el alcalde de la ciudad malagueña de Ronda, Abdalá, y su sobrino Hamet. El alcalde obtuvo pronto su libertad mediante el pago de una importante suma de dinero. El Rey Juan II de Castilla intercedió para solicitar la liberación de Hamet, pero los caballeros exigían el pago de cien doblas de oro. Tras esto, el Rey ordenó que Hamet fuera trasladado a la Corte y continuó con el forcejeo con los caballeros, por lo que el pueblo comenzó a hablar de que el Rey quería quedarse con “el oro y el moro”.

Pisar el poncho: Significa aceptar el desafío. En las convenciones del duelo criollo, el desafiante pasaba junto al posible contrincante arrastrando el poncho. Si el otro lo pisaba significaba aceptación del reto y la concreción en un duelo a cuchillo. Decir que “nadie le pisa el poncho” a alguien es que no se le animan como contrincante.

Querer la chancha y los veinte: Es una expresión usada en general por mayores de 50 años. Tendría sus orígenes en el mercado. Cuando los clientes pedían rebaja a los comerciantes, éstos respondían: “Vos querés, por el mismo precio, el chancho, la chancha y los veinte lechones”. Con el tiempo se simplificó en “la chancha y los veinte”. Luego, con la industrialización, se cambió el final por “la máquina de hacer chorizos”.

“Más locos que una cabra”: Cuando los cabritos son desatados se disparan a los saltos hacia el monte y la cabra se vuelve loca tratando de buscarlos, de allí el dicho popular.

“Viva la Pepa” Esta frase tiene que ver con el grito que usaban los liberales españoles en adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada en 1812. Se la llamaba Pepa debido a que fue promulgada el día de San José (Pepe).

“Pisar el palito”: La expresión deriva del mecanismo para cazar pájaros. Para esto, se usa un jaula con mucho alpiste y un pájaro cautivo, el "llamador", que atrae con su canto. La puerta se sostiene con un palito que cae y cierra la jaula cuando entra la presa.

“Tirar manteca al techo ”: Los jóvenes de la alta sociedad de la década del ´20 solían salir a los cabarets de moda a tomar unas copas . Al terminar la noche hacían una competencia tirando al techo panes con manteca con una catapulta fabricada con cubiertos.

"Hasta que las velas no ardan" Es un refrán nacido en los prostíbulos, en épocas en que no existía la luz eléctrica y los relojes eran objetos de lujo. La madama le entregaba al cliente una o varias velas, según lo pagado. Cuando se consumían, el turno había concluído, había sexo "hasta que las velas no ardan".


Seguramente, más de un refrán te habrán recordado a algún ser querido. Y vos, ¿tenés alguno que uses cotidianamente?.
 

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