Si el peso del éxito y la fortuna pueden llegar a aplastar al famoso que los posea, sepamos que esa misma fuerza de gravedad puede ser tremenda para los hijos y los seres más cercanos de la celebridad en cuestión.
Por que no hay una escuela que te enseñe a manejar una fama y valores que no se han ganado. Y el mejor ejemplo es la hija de una estrella consagrada como Susana Giménez, me refiero a Mercedes Salabayrrouse. Una mujer de 47 años, muy bonita, madre de dos hijos (Lucía, de 17 años y Manuel de 13), también la única heredera de un patrimonio que supera los 200 millones de dólares que cosechó su fecunda madre, pero en realidad una persona que no puede encontrar la felicidad. Simple y fácil. De ahí sus permanentes conflictos, incidentes de violencia que terminan en comisarías, con policías y abogados.
Porque “Mecha” se siente la hija del despecho. Su amor por el padre de sus hijos, Eduardo Velasco, no es correspondido por este apuesto caballero que en realidad siempre vivió a la sombra del poder económico que le dio su suegra a través de su hija Mercedes.
Entonces las crisis, los bates de béisbol para romper parabrisas automotores, espejos retrovisores, las cuchillas carniceras en las carteras, los golpes cuando algo la incomoda y las protecciones judiciales para evitar las denuncias y las futuras demandas que empiezan a quedar servidas al alcance de las manos.
El hecho de ser la hija de Susana ha servido para apagar muchos incendios hasta aquella fresca mañana de marzo de este año. Fue en el barrio porteño de Belgrano. Allí, en medio de la calle, y ante la mirada atónita de los vecinos, la hija de Susana Giménez, dejó el glamour en su poderosa camioneta y fuera de sus cabales, insultó, amenazó y le dio una terrible paliza a María Victoria Rodríguez, la amante de su marido, Eduardo Celasco.
¡A plena luz del día! Una golpiza regada de insultos ante la atento y atónita mirada de decenas de testigos que no podía creer lo que veían y escuchaban, mientras los nietos de Susana veía cómo su madre agredía a la amante de su padre. Nadie dejó de saber que la protagonista era Mercedes, como tampoco les pasó por alto que la otra mujer era “Vito”, la melliza “Petardo” que supo tener otros romances con Diego Torres y Andrés Calamaro.
El combo, incluyó, golpes de puño, rasguños, tirones de pelo y patadas. La lamentable escena terminó con una denuncia en la comisaría y con la hija de la diva de los teléfonos en todas las portadas de diarios y revistas.
Pero la historia no concluyó ahí. Cuando parecía que las aguas se habían aquietado, “Vito”, encendió la “Mecha” nuevamente y aseguró “estoy enamorada de Celasco”, sumándole otro capítulo al culebrón y poniendo en llamas, a la esposa engañada.
Luego de unos días, en la fiesta de los Martín Fierro, la pareja volvió a mostrarse en público, y Mercedes, en pos de recuperar la imagen perdida, ante la presencia de los medios, no tuvo mejor idea que decirle a su marido: "No me dejes atrás. Agarrame la mano que me voy a caer. No camines adelante mío porque te pego", descargando su furia, esta vez, ante el esposo infiel.
Se dice, que no hay nada más peligroso que una mujer despechada y en esta historia la frase parece encajar perfecta. Porque la hija de la diva, siguió con sus andanzas de esposa herida y fue por más. Enterada de que María Victoria, le había decorado un departamento millonario en Avenida Del Libertador, a su esposo, que funcionaba como el “nidito de amor” de los amantes.
Mercedes fue hasta el lugar, con la orden de un juez, un patrullero policial y un camión de mudanzas, para vaciarlo. Al grito de “¡Me vengo a llevar los muebles porque los pagué con mi plata”, “Mecha” los cargó en el flete y se marchó.
Ese mismo día cuando la prensa ya se había hecho eco de la noticia, Celasco apareció con su ojo izquierdo morado, producto de un fuerte golpe en la cabeza, luego de que su esposa lo empujara por la escalera, tras una nueva discusión ¿Hasta dónde es capaz de llegar Mercedes para salvar a su pareja?.
El triángulo amoroso, no sólo perjudicó a los tres en discordia, sino que, además, como suele suceder en estos casos, revolucionó a sus familias, principalmente a los hijos del matrimonio, que son los que más sufren, por el estado de indefensión en que se encuentran.
Ante esta situación límite, Susana, quien en un principio trató de minimizar los hechos y se puso en el lugar de mediadora para tratar de acercar a las partes, a pesar de no digerir a su yerno, estaría buscando asistencia psicológica para su hija, con el fin evitar un hecho trágico, que al ritmo en el que van las cosas no queda muy lejos.
Este no es el primer escándalo violento que envuelve al clan de la diva, porque la propia Susana, en 1998, le tiró un cenicero a su marido de entonces, Huberto Roviralta, en plena pelea de divorcio, rompiéndole la nariz. Y en este caso, la historia vuelve a repetirse, 12 años después, con otra mujer del mismo linaje. Porque, como dicen por ahí, “pasa hasta en las mejores familias” Y aquí también, chau… Hasta la semana que viene.
05.06.2010
20:29 hs.